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Astenia primaveral, cuando la vitalidad desaparece

Durante la época primaveral, los cambios de temperatura, luz solar y presión atmosférica hacen que muchas personas manifiesten un estado de cansancio que, en ocasiones, se acompaña de trastornos en el ánimo.

Se conoce como “astenia primaveral” porque generalmente aparece en esta época del año. Se calcula que afecta a un 2% de la población y es un cuadro de fatiga psicológica que engloba especialmente a las mujeres en aquellas franjas de edad en las que se producen cambios orgánicos, como son la adolescencia y la menopausia. 

Dado que, hasta décadas recientes, esta dolencia era prácticamente desconocida, se tiende a asociar con el ritmo de vida de la sociedad actual y el nivel de exigencias que supone el desarrollo del trabajo diario. Las personas afectadas por la astenia sienten una sensación de agotamiento y una falta de vitalidad generalizada que puede llegar a reducir  hasta un 50% su capacidad para desarrollar las tareas habituales. 

Este tipo de cansancio aparece de manera progresiva desde primera hora de la mañana y se manifiesta al desarrollar las actividades del día a día, incluso las tareas más sencillas, acompañado en ocasiones por otros síntomas como trastornos en el sueño, dificultad de concentración y trastornos de la memoria, irritabilidad o un bajo estado de ánimo.  También puede manifestarse de forma constante, sin haber realizado ningún tipo de esfuerzo.

Dolencia transitoria
Por lo general, se trata de anomalías transitorias que remiten normalmente al cabo de unos días, sin precisar ningún tratamiento. Tan sólo en unos pocos casos suelen revestir más gravedad, cuando las personas enfermas arrastran un estado de agotamiento anterior o bien cuando padecen situaciones de depresión, a estados de ansiedad o estrés que predisponen a padecer la astenia de forma más acentuada. También puede tener su origen en dolencias pulmonares, cardíacas o en infecciones. En estos casos, se registran episodios agudos de astenia con síntomas más concretos, que pueden tratarse en función de la enfermedad que los produce. 

Durante el paso entre invierno y verano que supone la época primaveral,  con sus habituales cambios de temperatura y aumento de horas de sol, el tono vital puede verse afectado. De hecho, hay personas cuyo tono vital es ciclotímico, esto es, sufre oscilaciones estacionales. El organismo produce unas  sustancias neurohormonales que determinan el tono vital y la intensidad de la actividad desarrollada. 

Entre esas sustancias se encuentran las endorfinas, unos neurotransmisores producidos por la glándula pituitaria, responsables de las sensaciones satisfactorias y que combaten el malestar o la serotonina, relacionada con la emoción y el estado de ánimo. Si los niveles de serotonina son bajos, pueden llevar a la depresión, problemas para conciliar el sueño, desórdenes obsesivo-compulsivos e incluso al suicidio. 

También hay que tener en cuenta factores de carácter social, relacionados con el ritmo de vida que sigue la persona afectada, su estabilidad emocional, su trabajo y el ambiente familiar en el que se mueve habitualmente. Todo ello unido también puede contribuir a que el tono vital esté en niveles bajos. En estos casos, suele analizarse la evolución de una jornada de trabajo cotidiana, para comprobar hasta qué punto se fuerza al organismo y si éste es capaz de responder y recuperarse. 

Alimentarse de forma equilibrada
De cualquier forma, es importante llevar una dieta sana, beber dos litros de agua al día, respetar las horas de sueño – un punto fundamental – y procurar hacer ejercicio físico, así como ejercicios de relajación. En la alimentación variada se debe aumentar el consumo de verduras y frutas crudas por su contenido en minerales, vitaminas y fitonutrientes. Pueden incluírse alimentos energéticos como los frutos secos, el chocolate, las legumbres o la pasta y si no fuese suficiente, se podría recurrir a un aporte mineral o vitamínico, de forma complementaria. 

También son muy recomendables algunos complementos dietéticos como la levadura de cerveza, que contiene vitaminas del grupo B, el polen, por sus propiedades equilibrantes y energéticas y la jalea real, muy indicada en situaciones de fatiga mental y física, sin olvidar los productos integrales y los oligoelementos como el hierro, cobre o fósforo. 

En contrapartida, conviene reducir el consumo de alimentos precocinados, los fritos, bebidas gaseosas o alcohólicas, los alimentos ricos en grasas saturadas y colesterol, así como los denominados “azúcares rápidos” como la bollería industrial. En la misma línea, se recomienda no excederse en el consumo de excitantes como el café o el té y las especias. 

4 de mayo de 2007


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