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Buenos hábitos contra el cáncer

La alimentación es un punto fundamental cuando se habla de cuestiones de salud, de hecho tiene una incidencia directa a la hora de luchar contra la aparición de enfermedades como el cáncer.

Todas las personas son susceptibles de contraer enfermedades. Existen  una serie de factores genéticos que predisponen a padecerlas, ya que se heredan mutaciones (genes defectuosos) que no son modificables. 

En el caso del cáncer, uno de los males más temidos de los últimos siglos, existen factores ante los que no se puede actuar, pero también hay otros que pueden servir para luchar contra esta patología. 

Es necesario consumir frutas y verduras con frecuencia porque proporcionan un efecto protector combinado en determinados tipos de cáncer como el de la cavidad oral y faringe, esófago y estómago y además aportan vitaminas, minerales así como otros compuestos que el organismo necesita para mantenerse sano. Los expertos recomiendan consumir a diario productos pertenecientes a los cuatro grupos alimenticios: féculas (pasta, cereales, arroz, pan…), productos lácteos, carne y pescado, así como frutas y hortalizas. 

La dieta sí importa
Un alto consumo de frutas reduce el riesgo de cáncer de pulmón y una dieta rica en vegetales reduce el riesgo del cáncer colorectal. Ambos grupos alimenticios contribuyen a reducir el riesgo de cáncer de laringe, páncreas y vejiga urinaria. Son importantes los cítricos, las frutas ricas en pectina (como la manzana), el ajo, la calabaza, las legumbres, las espinacas o los espárragos. 

Dentro de las hortalizas, las pertenecientes a la familia de las crucíferas, como la coliflor o la col rizada poseen fitoquímicos protectores. Los repollos contienen sulforafane, un componente que proporciona efectos anticancerígenos, fortaleciendo las células que hacen frente a los tumores. Otro elemento es el sinigrin, presente en las coles de Bruselas y que suprime el desarrollo de células precancerígenas. 

Conviene tener en cuenta que las dietas pobres en fibra pero ricas en grasas favorecen la aparición de diferentes enfermedades. Consumir grasa en exceso puede favorecer el desarrollo de tumores y facilitar que se reproduzcan. Es necesario incluir alimentos que contengan fibra como el pan integral de trigo, los frutos secos y frutas como las frambuesas, las peras o los plátanos y reducir especialmente las grasas tipo saturado contenidas en la bollería industrial, la mantequilla, los lácteos enteros o las carnes rojas. En cualquier caso, es importante mantener el peso adecuado y constante ya que varios de tumores como el de mama, próstata, o colon están relacionados con dietas excesivamente calóricas. 

En el caso del cáncer de mama, un exceso de grasas potencia el desarrollo de estrógenos. Si estos se acumulan en grandes cantidades hacen que las células del tejido mamario tiendan a dividirse, con lo cual existe una mayor posibilidad de que se desarrolle un proceso canceroso. 

Tabaco y alcohol
Es bien sabido que, tanto el tabaco como el alcohol perjudican seriamente el organismo. El tabaco es la primera causa evitable de muerte  en los países industrializados. Este hábito reduce de manera importante la esperanza de vida y es el primer factor a la hora de desarrollar un cáncer de pulmón. Además, las personas no fumadoras que se encuentran en un entorno donde se fuma, tienen más probabilidades de contraer esta misma enfermedad. Pero no sólo el cáncer de pulmón tiene relación con el consumo de tabaco, sino que está demostrada su implicación directa con otros tumores como cáncer de cabeza y cuello, (laringe, faringe, boca), cáncer de esófago, de vejiga, de riñón, cáncer de páncreas y leucemia mieloide crónica.

Las bebidas alcohólicas también tienen su implicación en determinados tumores como el de boca, faringe, laringe y esófago. Su ingesta debe limitarse a dos vasos pequeños al día, siempre que se trate de una bebida de baja graduación, como el vino o la cerveza.

Por otra parte, exponerse al sol de manera excesiva puede poner en riesgo la salud, ya que está relacionado con los cánceres de piel como el carcinoma espinocelular y el basocelular, que son menos letales, pero también con el melanoma. Se deben evitar las exposiciones prolongadas, especialmente en las horas centrales del día (entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde) y extremar las precauciones con los niños. 

Otro hecho que se ha constatado en las últimas décadas es el aumento del riesgo de cáncer asociado a la obesidad. Esta se asocia generalmente con una falta de actividad física y un alto consumo de alimentos ricos en hidratos de carbonos refinados. Los expertos consideran que la obesidad podría ser la causa de una cuarta parte de tumores como el adenocarcinoma de esófago, el cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas, el cáncer de colon y recto, el cáncer de endometrio y el tumor en las células renales. 

Cabe replantearse los hábitos cotidianos e introducir el ejercicio físico moderado como una tarea diaria, de forma que caminar o nadar se conviertan en una obligación de todos los días. El deporte, acompañado de una dieta equilibrada, conforman un buen tándem contra muchas de las patologías a las que el cuerpo humano está expuesto.

 

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1 de octubre de 2007


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