
Las caries y las enfermedades de las encías son las afecciones más frecuentes en los dientes. Para evitar estos problemas, es importante que, desde la infancia, los niños adquieran el hábito cotidiano de cepillarse los dientes.Tras las ingestiones de comida, los residuos que quedan en la cavidad bucal, especialmente los dulces, favorecen la aparición de los gérmenes que suelen causar las caries dentales y las enfermedades de las encías.
Los problemas de salud bucodental afectan al estado físico de la persona y a su calidad de vida ya que, además del dolor y las posibles infecciones, dificultan la masticación e incluso pueden llegar a originar traumas psicológicos. Ante una boca con maloclusiones que originan trastornos estéticos o traumatismos que a menudo suponen fracturas o pérdidas dentales, la autoestima se resiente y en el caso de los niños puede llegar a afectar incluso a su rendimiento escolar. Las maloclusiones pueden prevenirse evitando el uso prolongado de chupetes o biberones y corrigiendo ciertos hábitos como chuparse el dedo o morderse el labio inferior.
Las caries se originan por la unión de distintos factores: unos malos hábitos en la dieta, con abundante proporción de azúcares contenidos en golosinas o bebidas carbónicas, una mala higiene bucal y una insuficiente cantidad de flúor en el agua que se bebe.
Por otra parte, hay niños que aunque siguen una alimentación correcta y se cepillan los dientes a diario, son más vulnerables que otros a sufrir este proceso y acaban por desarrollar caries. Además, en los más pequeños este avance es mucho más rápido que en los adultos y debe desterrarse la idea de que en ellos la caries no tiene trascendencia ya que puede ser el desencadenante de otros trastornos.
Por su parte, la enfermedad periodontal se debe a una inflamación de los tejidos que sujetan los dientes. Comienza con un enrojecimiento de las encías que puede avanzar hasta un deterioro progresivo en el que además de sangrar, las piezas dentales se mueven y se puede terminar perdiéndolas. Muchas veces aparece en niños sin caries pero con malos hábitos de higiene.
Formas de cepillado
Es conveniente proceder a cepillarse los dientes después de cada comida y en caso de que esto no fuera posible, no hay que acostarse nunca sin cepillárselos. La razón estriba en que la producción de saliva disminuye mientras se descansa y la lengua se mueve menos, una situación en la que los gérmenes de la placa dental tienen más facilidad, tanto para atacar el esmalte de las piezas dentales como para lesionar las encías.
La placa bacteriana es una película blanquecina que se deposita sobre los dientes y tejidos blandos de la boca. En ella viven colonias de bacterias, responsables de diversas enfermedades bucales, pero puede eliminarse fácilmente con un buen cepillado dental.
Existen varias técnicas de cepillarse los dientes. Una es la vertical, realizando pequeños movimientos de arriba abajo y otra es la técnica de arrastre, que consiste en mover el cepillo de forma horizontal. Ejerciendo una presión suave, en unos dos minutos se puede acabar con los restos de comida sin hacer daño a las encías. También conviene cepillarse la lengua.
Es importante que el cepillo se sujete lo más cercano posible al extremo libre del mango, para evitar que se realice demasiada presión sobre los dientes y también conviene renovarlo periódicamente.
La higiene, como un juego
Los niños deben comenzar a adquirir estos hábitos a partir de los tres años y hasta que cojan una cierta destreza conviene que sus padres les supervisen. Los primeros cepillos conviene elegirlos llamativos, con colores alegres que capten su atención y cerdas de consistencia muy blanda para no resentirles la boca, así como un dentífrico de sabor agradable.
Este aprendizaje se puede convertir en un juego, en el que los padres enseñen a los hijos cómo se cepillan ellos mismos e incluso que animen a los pequeños a que les ayuden a limpiarse. También conviene colocar al niño a una altura de forma que pueda verse en el espejo y felicitarle una vez que haya terminado la limpieza.
Los padres también deben encargarse de los cuidados de limpieza e higiene en general evitando que abuse del azúcar y de los dulces a favor de las frutas, lácteos y verduras, no mojar el chupete en miel o azúcar, y procurando que no realicen juegos violentos que puedan desembocar en traumatismos, como abrir botellas con los dientes.
También hay que evitar las dietas blandas, ya que los dientes deben cumplir la función para la que han sido creados y su falta de uso, como cualquier otra parte del organismo, puede debilitarlos y predisponerlos a padecer otro tipo de problemas.
Finalmente, se recomienda visitar cada año al odontólogo y, si fuera preciso, cada seis meses. A menudo los más pequeños suelen asustarse de la figura del dentista y los instrumentos con los que trabaja. Una opción es que cuando los padres vayan a hacerse una revisión lo hagan acompañados de sus hijos, para que se vayan acostumbrando al lugar, sentándose en la silla y viendo los objetos, de forma que cuando llegue el momento de su primera consulta no tenga miedo.
Lo + leído