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En verano, ¡cuidado con los ojos!
Gafas de sol

Los ojos representan una parte del organismo tan fundamental como delicada: son básicos para recibir información del entorno, pero a la vez están expuestos a los peligros que habitan en él. En verano, por culpa del sol, el agua o algunas diversiones asociadas al buen tiempo, puede ponerse en riesgo su salud y de ahí la importancia de prevenir y eludir los males que les acechan.

Ojos que no ven, corazón que no siente. Este viejo y conocido refrán pone de manifiesto la importancia de uno de los órganos del cuerpo a través del que recibimos más información externa y que mejor nos ayudan a manejarnos por el mundo. Pero los ojos se encuentran especialmente indefensos ante los accidentes ya que precisan un contacto directo con la realidad para poder captarla y porque un lesión en ellos no suele comprometer la vida.
 
Gafas de sol
Sea como sea, protegerlos frente a los males que les perjudican es una cuestión prioritaria y más en verano, ya que esos males se multiplican en número y fuerza. El primer agresor es el sol. Los rayos UVA son capaces de provocar graves quemaduras en la córnea, que pueden llevar a la ceguera. La mejor forma de evitarlo es emplear una buenas gafas de sol, homologadas y con un filtro para este tipo de radiación solar. Es conveniente contar con la asesoría de un profesional y dejar los mercadillos para otro tipo de compras; si una montura resulta especialmente atractiva, se pueden adquirir las gafas y cambiar los cristales por unos que ofrezcan garantías y se vendan en ópticas.
 
Si las gafas se van a emplear para practicar deportes de montaña, tan habituales en verano, lo mejor es que sean ligeras y filtren como mínimo un 85 por ciento de las radiaciones. Es aconsejable que cuenten con protecciones laterales y también que los cristales sean irrompibles y no se rayen. Unas patillas que se ajusten bien evitarán pérdidas y caídas accidentales.
 
Si se opta por deportes acuáticos en la piscina o el mar, tampoco está de más resguardar los ojos con unas gafas. El cloro tiende a irritarlos, dando lugar a conjuntivitis y aunque el agua del mar es menos dañina, también puede provocar molestias. Igualmente,
las gafas son un elemento a tener en cuenta si se realizan actividades con pelotas pequeñas: su impacto en los ojos puede ser el origen de lesiones oculares muy importantes.
 
Filtros solares
Tumbarse al sol en la playa sin protección es un imprudencia grave. Pero es probable que, aunque uno se embadurne de cremas con elevados filtros solares, se olvide de los párpados. Sin embargo, su piel es muy delicada y necesita defenderse del sol, por lo que es una buena medida preventiva emplear productos específicos para su cuidado que se venden en farmacias. Otra vía para aumentar la protección de los ojos y los párpados es acostumbrarse a llevar gorra con visera. 
 
Un aspecto más a cuidar es el de las lentillas. Es frecuente acudir a la playa con la gafas puestas y las lentillas guardadas en su estuche. Pues mucha atención al lugar donde se coloca ese estuche, porque el calor excesivo las daña y contamina, y un vez en contacto con los ojos, se convierten en una fuente de infecciones para la córnea.

Las personas con lentillas también suelen acusar especialmente la sequedad ambiental
y notar que el ojo no tiene la humedad necesaria. En estos casos, igual que si se pasan muchas horas en ambientes refrigerados, es aconsejable emplear lagrimas artificiales.  
 
Pequeños accidentes oculares
Estando de vacaciones, el contacto con la naturaleza es mayor y el ejercicio, olvidado durante el invierno, se hace más apetecible. Estas actividades lúdicas dan lugar a accidentes oculares, casi siempre leves, pero ante los que hay que saber cómo actuar.
Si, por ejemplo, entra tierra o arena en los ojos, lo mejor es lavarlos con abundante agua durante al menos 10 minutos. En caso de que haya entrado un cuerpo extraño algo mayor, se puede intentar extraer con un gasa estéril o un pañuelo limpio, poniendo mucho cuidado en la operación. Es normal que se produzca cierta irritación, pero si existe molestias que no remiten, hay que acudir al médico. Frente a una contusión, lo mejor es lavar el ojo sin abrirlo, colocar un paño frío y acercarse a un centro sanitario si el dolor persiste.
 

18 de junio de 2003


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