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Combatir la fiebre infantil

Aunque la fiebre en sí no es una enfermedad sino una reacción inmunológica del cuerpo frente a una infección, conviene tener a mano ciertos recursos para combatirla, especialmente si la persona afectada es un niño.

La temperatura del cuerpo humano no siempre permanece estanca. En los niños no está fija en 37 ºC, sino que puede experimentar ligeras variaciones dependiendo de la hora del día y de lo que esté haciendo. Suele ser más baja a primera hora de la mañana y más alta hacia el final de la tarde.

La fiebre es una temperatura corporal inusualmente alta. Su importancia no radica solamente en lo elevada que pueda llegar a ser, sino en cómo afecta al niño, que suele mostrarse con el ánimo más decaído, tener calor al tacto, la cara congestionada y sudar más de lo habitual. 

Suele estar causada por infecciones como la gripe, los catarros, la amigdalitis o la otitis, aunque también puede deberse a un ambiente excesivamente caluroso o por falta de líquidos. 

Abundantes líquidos
Si tan sólo se detectan unas décimas que no causan molestias al bebé, pueden incluso ayudarle a defenderse de esa infección. En este caso no es necesario administrar tratamiento alguno, tan sólo dejarle descansar y hacerle ingerir abundantes líquidos para evitar la deshidratación, consecuencia de la sudoración que conlleva la fiebre. Es recomendable ponerle ropa ligera, para que se sienta más fresco. Abrigarle demasiado no es conveniente porque puede incrementar su temperatura, lo mismo que tenerle todo el tiempo en brazos. 

Con unas décimas, los niños no tienen por qué estar necesariamente en la cama y pueden salir a la calle. También es importante que el pequeño esté bien alimentado, porque la fiebre consume muchas calorías del cuerpo y los niños necesitan reponerlas. 

Si por el contrario se presenta un cuadro de vómitos, el pequeño está incómodo o tiene dificultades para dormir, se deben tomar medidas para bajar esa fiebre. En primer lugar, hay que tomar la temperatura del cuerpo, recordando que el termómetro en el recto debe dejarse durante un minuto, tres minutos en la boca y cuatro en la axila.

A la espera de poder estar con el pediatra, se pueden administrar antipiréticos en las dosis habituales que, aunque no acortan la infección ni la curan, ayudarán a que el niño se sienta mejor. Siempre que sea posible, es mejor que se administren por vía oral y no por vía rectal. 

Paracetamol e ibuprofeno
Todos los antipiréticos recomendados para niños contienen dos principios activos, paracetamol o ibuprofeno. La cantidad a administrar depende del peso y la edad del bebé y suele determinarla el pediatra. En ningún caso se debe dar a un menor de cuatro meses un fármaco que haya en casa o que se haya administrado a otro hijo en una ocasión anterior, a menos que lo indique el especialista. El ibuprofeno está considerado más eficaz que el paracetamol para controlar la fiebre infantil y es uno de los  medicamentos que más se recetan.

En cuanto a la casa, hay que procurar que el ambiente de la habitación sea agradable, ni mucho frío ni exceso de calor (entre 20º y 22º) y evitar poner demasiada ropa en la cama. Si el niños tiene escalofríos se puede añadir una manta más, pero conviene retirarla cuando se le pasen. 

Los pediatras suelen recomendar los baños con agua tibia, que esté unos 2°C por debajo de su temperatura habitual. Después se añade un poco de fría y se deja al niño dentro como máximo 3 minutos. También se puede mojar su cuerpo con una esponja y secarle con pequeños toques, para que la piel mantenga cierto grado de humedad o aplicarle compresas de agua tibia en la frente y las extremidades. 

Sin embargo, ciertas prácticas como los baños en agua fría o las friegas con alcohol, que hace años solían aplicarse, se deben arrinconar porque pueden ser peligrosas para los pequeños. El contraste de los baños fríos con su temperatura corporal puede ser muy negativo. En cuanto a las friegas, aunque el alcohol baje de golpe la temperatura, al absorberse por la piel puede causar hipoglucemia o coma etílico.

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