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Hiperhidrosis, la sudoración excesiva

Aunque es inofensivo, se trata de un trastorno incómodo que afecta a más de 800.000 personas en todo el estado español. Se trata de la hiperhidrosis.

Un exceso de transpiración del cuerpo cuyas causas se desconocen. El cuerpo humano transpira habitualmente y, de esta forma, el sudor ayuda a eliminar el calor excesivo y contribuye a mantener la temperatura corporal lo más constante posible. Además, gracias a la transpiración, las personas pueden adaptarse a los cambios térmicos, ya que parte del calor que alberga el cuerpo se evapora de la piel. Además, el sudor resulta muy beneficioso a la hora de eliminar sustancias nocivas para la salud. 

Sin embargo, hay ocasiones en las que, sin una razón aparente, las glándulas sudoríparas entran de pronto en un estado de sobreactividad, principalmente en las palmas de las manos, las plantas de los pies y las axilas y comienzan a producir más sudor del habitual.

Aunque no se sabe a ciencia cierta por qué se produce esta reacción, se considera la posibilidad de que la genética influya, ya que alrededor de un tercio de la población que padece hiperhidrosis cuenta con antecedentes familiares. Tampoco se descartan causas hormonales, debido a que en el 60% las personas afectadas son mujeres, posibles alteraciones endocrinas o alguna enfermedad del sistema nervioso central. Otros factores desencadenantes pueden ser el estrés, el calor, ciertos alimentos picantes.

Diferentes variedades
Existen principalmente dos tipos de hiperhidrosis, la localizada y la generalizada. La primera es la más frecuente y es la que afecta a las palmas de las manos y de los pies, el rostro y las axilas. Afecta a las glándulas ecrinas (situadas especialmente en axilas, palmas de las manos y plantas de los pies), sobre todo a partir de la pubertad. En cuanto a la hiperhidrosis generalizada, afecta a todo el cuerpo pero es menos frecuente. Suele desencadenarse a partir de otra enfermedad como diabetes o como consecuencia de una infección. 

Este exceso de sudoración puede llegar a producir situaciones incómodas para quien lo padece. En el día a día cotidiano, tanto social como laboral pueden producirse situaciones incómodas, que pueden ir desde el sencillo gesto de estrechar la mano a alguien hasta conducir o tocar un instrumento. La hiperhidrosis también hace que las prendas aparezcan con cercos de sudor, lo que lleva a tener que cambiarse de ropa varias veces al día. En casos extremos, quienes lo padecen pueden llegar a encerrarse en sí mísmos y evitar situaciones de contacto con otras personas. 

Las personas afectadas por esta dolencia deben tomar una serie de medidas higiénicas como utilizar ropa transpirable, de algodón y evitar los tejidos sintéticos. En cuanto al calzado, debe evitarse el que sea de goma o plástico y elegir zapatos de cuero con una buena transpiración. 
Conviene ducharse una o dos veces al día con un jabón desodorante para prevenir el desarrollo de bacterias, eliminar el vello de las axilas y utilizar antitranspirantes y desodorantes para controlar el exceso de sudor y el mal olor corporal. 

Tratamientos eficaces
Entre los antitranspirantes, el más utilizado es el hexahidrato de cloruro de aluminio al 10-15%, que actúa encogiendo o cerrando el extremo de la glándula sudorípara que desemboca en la epidermis. Se recomienda aplicarlos por la noche, sobre la piel limpia y seca y lavarse a la mañana siguiente para eliminar los restos. Después se puede emplear el desodorante habitual. La producción de sudor disminuye y a medida que transcurran los días, bastará con aplicarlos una o dos veces por semana. Sin embargo, conviene tener cuidado con este tipo de productos ya que pueden ser irritantes para la piel. 

Otras de las medidas utilizadas para combatir la hiperhidrosis son las técnicas de relajación para aprender a sobrellevar las situaciones de estrés, los tratamientos con toxina botulínica y la cirugía. 

La toxina botulínica (botox), lleva en funcionamiento desde hace más de diez años y su eficacia está probada. Los pacientes se someten a un tratamiento con inyecciones que inoculan  pequeñas cantidades de esta toxina cerca de las glándulas responsables de la transpiración, con lo que se consigue disminuir ésta en más de un 60%. En las axilas los efectos duran entre cuatro y seis meses y en otras zonas del cuerpo pueden llegar hasta un año. Posteriormente deben aplicarse más sesiones. 

Como último recurso, cabe la posibilidad de someterse a cirugía. Las intervenciones quirúrgicas intentan disminuir la transpiración seccionando nervios y ganglios de la cadena simpática torácica. Aunque estas operaciones resultan bastante satisfactorias, alrededor del 50% de las personas que han sido intervenidas, han comprobado posteriormente que el sudor ha aumentado en otras zonas del cuerpo como, las extremidades o la espalda, un fenómeno que se conoce como “sudoración compensatoria”.

12 de junio de 2007


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