Es una patología infecciosa que puede matar, décadas después de haberse producido el contagio. Inicialmente localizada en Latinoamérica actualmente se ha extendido a Estados Unidos y Europa.
Los flujos migratorios que, procedentes de Latinoamérica, se han producido en las últimas décadas, han hecho que algunas enfermedades propias de esta zona del mundo se extendieran a otros países.
Es el caso de la enfermedad de Chagas, una infección de la cual se han encontrado evidencias en estudios realizados a momias chilenas y peruanas cuya antigüedad se fecha en el año 2.000 a.C., lo cual muestra los antiquísimos orígenes de esta dolencia.
La enfermedad de Chagas (cuyo nombre se debe a su descubridor, el médico brasileño Carlos Chagas), también es conocida como tripanosomiasis americana y afecta a nueve millones de personas, especialmente niños, en áreas rurales de Latinoamérica. El contagio lo produce un insecto vector conocido como vinchuca, un vocablo derivado de la palabra quechua huychucuy que significa “tirarse o descolgarse”, en referencia al hábito de este animal (frecuente en lugares de pobreza) de dejarse caer durante la noche para alimentarse de la sangre de humanos y animales.
Proceso lento y asintomático
En las zonas donde la enfermedad de Chagas es endémica, como la Región del Chaco, situada entre Bolivia y Argentina, México, Perú y Colombia, la vinchuca se oculta en las grietas de las casas y en los techos de paja y actúa por las noches. Su picadura transmite un parásito que se encuentra en sus heces, denominado”tripanosoma cruzi”.
Después de picar e ingerir la sangre, las vinchucas defecan sobre las mismas picaduras. Una vez que el tripanosoma se introduce en el cuerpo humano, pasa de la sangre a los tejidos internos y así comienza un proceso lento que puede llegar a producir daños irreversibles en el corazón, esófago, colon y sistema nervioso, hasta en el 40% de los casos.
Esta infección evoluciona en varias fases. La primera parte, suele ser asintomática o en todo caso con síntomas leves como fatiga, dolor de cabeza, sarpullido, pérdida de apetito, diarreas y vómito. En los niños puede presentarse fiebre, glándulas linfáticas hinchadas o inflamación de la picadura, síntomas fáciles de confundir con otras enfermedades infantiles y que además desaparecen transcurridos unos pocos días. Sin embargo, esta fase puede ser grave en las personas cuyos sistemas inmunitarios estén debilitados.
La fase intermedia comienza a las ocho o diez semanas después de haber contraído la infección y puede durar muchos años. El problema de esta enfermedad es que puede permanecer oculta durante mucho tiempo porque los síntomas tardan años en aparecer y así los afectados pueden ser portadores del parásito sin saberlo.
Resulta difícil diagnosticar la enfermedad de Chagas y, de hecho, se necesitan dos a tres análisis de sangre antes de poder confirmar si un paciente está infectado o no. Entre diez y veinte años después de haberla contraído, un porcentaje que oscila entre el 20 o el 30% de las personas infectadas desarrolla la fase crónica de la enfermedad y para entonces ya padecen lesiones irreversibles en el corazón, el esófago y el colon. La causa más frecuente de muerte entre los jóvenes adultos suelen ser los paros cardíacos.
Aunque la enfermedad puede permanecer asintomática, algunas personas suelen presentar complicaciones de corazón como alteraciones de la frecuencia cardíaca, insuficiencias o miocardiopatías. Asimismo, se puede producir un agrandamiento del esófago o del colon que originan dificultades para comer.
Evolución a infección urbana
En las últimas décadas, la epidemiología de la enfermedad de Chagas ha variado, debido a los flujos migratorios a gran escala que han llevado a la población de las zonas rurales a trasladarse hasta los grandes centros urbanos.
Además del vinchuca, existen otras posibilidades de contagio como el de la madre al hijo durante el embarazo, por transplantes de órganos o por transfusiones de sangre infectada. De hecho, durante los años 70 y 80 la enfermedad se convirtió en una infección urbana transmitida a través de transfusiones. Los bancos de sangre reportaron tasas de infección por tripanosoma cruzi que oscilaban entre el 1,7% en Sao Paulo (Brasil) y el 53% en Santa Cruz (Bolivia) donde las tasas de infección por Chagas sobrepasaban con creces las del VIH y la hepatitis.
En este sentido, la OMS ha alertado sobre los bancos de sangre que no aplican los controles adecuados para verificar el estado de salud de los donantes y los países donde se han registrado casos de enfermedad de Chagas se plantean estrategias de control enfocadas a prevenir la transmisión. Por otra parte, se estudia la necesidad de desarrollar métodos de identificación activa de la fase aguda de la enfermedad, cuando los pacientes pueden verdaderamente beneficiarse de algún tratamiento.
Por el momento, el trabajo de los expertos de la OMS en esta línea, ha conseguido que descienda el número los 18 millones de infectados que había en 1990 y que la transmisión de la enfermedad haya sido interrumpida en Chile, Uruguay, gran parte de Brasil, así como en amplias regiones de Argentina, Bolivia, Paraguay y América Central.
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