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Lentillas, ventajas e inconvenientes

En principio, cualquier persona puede usar lentes de contacto pero conviene realizar unas pruebas previas con el fin de comprobar que el paciente es una persona idónea para llevarlas, porque en la práctica a todas las personas no les van bien.

Ante la necesidad de llevar gafas, son muchas las personas que se decantan por la opción de las lentillas, que suponen innumerables ventajas, pasan desapercibidas a los ojos de terceras personas y permiten desenvolverse con total comodidad. Sin embargo, antes de adquirirlas, es necesario realizar un estudio personalizado previo donde se toman medidas de la córnea (su curvatura y su diámetro), se hace una exploración para comprobar si existen problemas de sequedad, la calidad de las lágrimas, etc y finalmente se selecciona el tipo de lente que mejor conviene al usuario.  

Tras elegir la modalidad de lentes que más se acomodan a las características de la persona, se deben realizar una serie de pruebas en las que se enseña cómo ponerlas y quitarlas, los cuidados que conllevan su mantenimiento e higiene, así como los productos necesarios para ello. Al mismo tiempo, se va acostumbrando progresivamente al ojo a soportar este cuerpo extraño que se ha colocado en su superficie, hasta que llegue un momento en que no se perciba ninguna diferencia.  

Tipos de lentillas
A la hora de decantarse entre lentes de contacto duras o blandas, conviene tener en cuenta diversos factores, como las propias características del ojo, la graduación que tiene el paciente o el uso que se le va a dar. En estos casos, es importante tener en cuenta la opinión de los profesionales, que mejor pueden asesorar a la hora de elegir. 

Hoy en día, las lentes de contacto rígidas están prácticamente en desuso y lo más habitual suele ser emplear las semirígidas o permeables, que permiten una perfecta oxigenación de la córnea. Están fabricadas con materiales fáciles de limpiar y pueden usarse durante largo tiempo. El inconveniente es que en un principio resultan molestas, en comparación con las lentes blandas. 

Las lentillas blandas se adaptan fácilmente al ojo y no se mueven, lo que facilita la práctica deportiva o en otro tipo de actividades que requieran movimientos frecuentes. Además, también pueden ser desechables, con las ventajas que eso conlleva en cuanto a higiene ocular. Están fabricadas en materiales hidratados que presentan una gran capacidad de acumular depósitos en su superficie y es necesario limpiarlas cada vez que se quitan. Este tipo de lentillas se ensucia con mucha facilidad y si no se limpian bien, después puede ser muy difícil eliminar la suciedad depositada. No se deben limpiar con agua porque se altera la hidratación de estas lentes y se pueden acabar deformando. 


Los ojos son una parte muy sensible del organismo y la higiene es un aspecto básico a la hora de manipular las lentes de contacto. Las manos deben estar bien limpias cada vez que se ponen en contacto con las lentillas. Para limpiarlas hay que frotarlas entre las yemas de los dedos o bien contra la palma de la mano con el limpiador correspondiente, después enjuagarlas y finalmente guardarlas dentro de sus compartimentos con el líquido adecuado. 

Es fundamental hacer una desinfección total de las lentillas si éstas han estado guardadas y sin ponerse durante un tiempo prolongado. En estos casos, lo mejor es acudir a una óptica para que realicen una limpieza en profundidad. Los estuches también deben limpiarse con agua y jabón, al menos una vez por semana aunque también pueden usarse ejemplares desechables, que se renuevan periódicamente. 


Respetar los horarios
Los especialistas recomiendan respetar los horarios, especialmente cuando se empieza a llevar lentillas por primera vez. Se aconseja dividir el día en dos partes de unas 4 a 6 horas cada una, estableciendo una pausa intermedia a unas 2 horas, en la cual se permita que el ojo “descanse” y que las células de la córnea se recuperen. 

Sin embargo, en muchas ocasiones se somete a los ojos a prolongados períodos con las lentillas puestas, con lo cual se hace necesario seguir un control periódico para comprobar que este órgano ocular no se resiente. Hay personas que, por sus características físicas, pueden llevar puestas las lentes de contacto durante muchas horas seguidas e incluso quienes duermen con ellas, pero todo el mundo no puede hacerlo. 

Un uso prolongado de las lentes de contacto puede acarrear que los ojos se enrojezcan, se tenga una sensación de picor y de que no se soportan las lentes en los ojos. Además, también influyen otros factores, como los medioambientales o que las lentillas no estén limpias. 

11 de abril de 2007


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