
Las manos y las uñas a menudo reflejan nuestra profesión, y casi siempre la importancia que le damos al cuidado personal. Tratarlas como se merecen es casi un deber: pocas partes de nuestra fisonomía son tan perfectas y versátiles, capaces de los gestos más suaves o más rudos, e instrumento de las obras que mejor caracterizan al ser humano.
El aspecto de las manos y las uñas puede contribuir a mejorar o a empeorar nuestra imagen personal. En un primer momento, sus virtudes y defectos no resultan tan evidentes como los del cutis o la figura, pero son muchas las personas que confiesan fijarse enseguida en ellas, y sentirse seducidas o decepcionadas por su apariencia. Y es que estos pocos centímetros del cuerpo delatan cuál es nuestro trabajo, nuestra forma de vida y el tiempo y la importancia que prestamos a nuestro cuidado personal. Aunque es imposible variar su constitución y fisonomía, y no todos poseen unas manos de dedos largos y palmas estrechas, con un poco de dedicación es fácil mostrarlas con una imagen al menos correcta.
Las manos y las uñas sufren multitud de agresiones externas: el frío, el agua, los detergentes o un trabajo manual duro las deterioran. El primer paso, por tanto, es tratar de protegerlas de estos agentes con unos buenos guantes. Para las faenas domésticas, resulta imprescindible utilizar guantes de goma; es cierto que a veces dificultan el trabajo porque las manos pierden sensibilidad, pero es posible acostumbrarse a su uso y ganar poco a poco habilidad. También puede ocurrir que, como la goma no traspira, suden excesivamente. Es conveniente emplear guantes de algodón bajo los de goma.
Otro aspecto importante es la higiene. Debe hacerse con jabones suaves que lleven agentes hidratantes y sean poco alcaninos para impedir que la piel se reseque. Para limpiar las uñas se puede usar un cepillito con las cerdas flexibles y no muy duras, con el fin de evitar posibles lesiones. Aunque las manos deben estar siempre limpias, no sólo por cuestiones estéticas, sino de salud, no hay que olvidar que lavarlas con excesiva frecuencia es perjudicial: el agua las agrede y contribuye a secarlas.
Este último aspecto es uno de los caballos de batalla de su cuidado. En el mercado existen multitud de cremas hidratantes con fórmulas variadas y composiciones diversas para el tratamiento de las manos. Como su piel es extremadamente fina y realizan tareas distintas a los de otras partes del cuerpo, lo recomendable es emplear un cosmético específico para su cuidado. La crema debe aplicarse desde los dedos hacia arriba, de tal forma que se contribuya a activar la circulación y se prevenga la aparición de arrugas. Por último, es conviene hidratarlas al menos dos veces al día.
Un signo del paso de los años que se refleja claramente en las manos son las manchas. Una vez han aparecido, es muy complicado hacerles frente, pero existen cremas exfoliantes que las mejoran y contribuyen a una buena renovación celular. Para el cuidado general de las manos también se pueden emplear fórmulas caseras. Son conocidos los buenos efectos del zumo de limón mezclado con aceite de oliva como reparador de unas manos estropeadas.
Las uñas, aparte de contribuir a embellecer o afear las manos, necesitan un tratamiento especial. Su apariencia muestra el estado del organismo, ya que en ellas se reflejan no pocas dolencias. En primer lugar, para tenerlas fuertes y sanas es necesario mantener una dieta variada y equilibrada, en la que no falten minerales como el silicio, el zinc o el azufre, el cual interviene en la formación de la queratina, sustancia de la que están compuestas. Además, es indispensable la vitamina B2. Estos micronutrientes se encuentran en los cereales integrales (zinc), verduras de hoja verde (silicio), legumbres y nueces (azufre). Son ricos en vitamina B2 los lácteos y la levadura de cerveza. De todas formas, alteraciones como cambios de color, manchas o excesiva fragilidad pueden consultarse con el médico.
Respecto a los cuidados imprescindibles, las uñas de las manos deben cortarse en redondo, eliminando la zona de las esquinas, y limarlas con una lima de cartón mejor que de metal. Hay que tener precaución a la hora de retirar las cutículas: conviene ablandarlas un poco, introduciendo las manos en agua templada, aceite o crema hidratante y empujarlas hacia atrás con un palito de naranjo. No es recomendable cortarlas, no porque crezcan más o menos, sino porque tienen una función protectora de las uñas que es mejor respetar. El hecho de pintar las uñas tiene que ver con el gusto personal, y no resulta nocivo para su buen estado. Sí es aconsejable escoger esmaltes de calidad y no muy agresivos y, por supuesto, retirarlos completamente antes de volver a aplicarlos, extendiendo por debajo una base endurecedora.
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