Las playas son uno de los destinos preferidos en vacaciones, especialmente por las personas que tienen hijos de corta edad.
Pero conviene tomar precauciones para evitar insolaciones, cortes con cristales o problemas con el propio mar. Una temporada de descanso junto al mar, sin prisas y olvidándose por unos días del trabajo. Muchas personas así se lo plantean, pero cuando se va a la playa con niños hay que estar más atento que nunca para que no sufran percances.
Cortes al caminar sobre las rocas o producidos por cristales que se abandonan en la arena, insolaciones y agotamientos en el mar son los casos más habituales que suelen atender los puestos de socorro.
Para evitar estos problemas, es recomendable elegir bien el arenal al que se va a ir. En el estado español hay cerca de 500 playas que cuentan con bandera azul. Esta garantiza que se trata de zonas limpias, que cumplen unas normas de seguridad tales como la presencia de socorristas o la delimitación de las zonas de baño.
Espacios poco higiénicos
Lugares con colillas enterradas, cáscaras de pipas y aguas en las que flotan trozos de plástico u otros objetos, no son los espacios más higiénicos para que los niños se muevan en ellos. Hay que ser especialmente cuidadoso con los envases de vidrio porque si se rompen, alguno de los fragmentos puede quedar enterrado en la arena hasta ser encontrado por algún pequeño que está jugando.
También se debe concienciar a los niños de que si encuentran cualquier tipo de desperdicio, como las colillas que frecuentemente quedan abandonadas en la arena, no lo toquen. Por otra parte, conviene vigilar los apósitos, en caso de llevar alguno, porque durante el baño suelen desprenderse y quedan flotando en las aguas, lo que sólo contribuye a ensuciar el entorno.
En la playa, no hay que perder de vista a los niños en ningún momento. Es muy importante orientarles y mostrarles algún punto de referencia cercano al lugar donde se encuentra su familia para que, si se despistan mientras juegan o se bañan, no tengan ningún problema para regresar.
Una consecuencia frecuente de la exposición directa al sol suelen ser las quemaduras y las insolaciones. Se recomienda evitar tomar el sol entre las 12 y las 16 horas porque en esta franja horaria los rayos solares inciden con especial fuerza, pero especialmente en el caso de los menores de 3 años, no deben estar expuestos a la luz solar en ningún momento.
Los dermatólogos recomiendan utilizar cremas con factor de protección muy alto para los más pequeños, ya que su piel es excesivamente sensible. Esta protección, por otra parte, debe ser resistente al agua, porque ésta refleja los rayos y aumenta hasta la radiación solar en un 50%.
Con los más pequeños, reacios a veces a cubrirse con un gorro, conviene humedecerles la cabeza para evitar los golpes de calor y darles a beber líquidos con frecuencia. En la playa, los niños están en constante movimiento y esta actividad física, unida al calor, conlleva un gasto energético importante y una elevada pérdida de líquidos en el organismo. Por eso deben hidratarse con agua o zumos naturales y descansar unas horas para reponer fuerzas.
A consecuencia de un golpe de calor la temperatura corporal se eleva, la piel está muy caliente y seca y el cuerpo deja de sudar, se producen mareos, náuseas, taquicardia y pérdida de conocimiento. En esta situación hay que bajar la temperatura corporal, colocar a la persona afectada a la sombra, en un lugar fresco, mantenerle la cabeza alta y refrescarle mojándole la ropa, además de hacerle beber agua. Si es necesario, se debe pedir ayuda médica.
Precaución con el mar
La belleza del mar puede convertirse en un peligro porque encierra corrientes. Cuando se llega a la playa conviene tomar precauciones, comenzando por mirar el color de la bandera (la verde significa “baño libre”, la amarilla “baño con precaución” lo que implica extremar la precaución y no alejarse de la orilla y la roja “baño prohibido”).
A la hora de zambullirse, especialmente los más pequeños deben entrar en el agua con precaución y no tirarse directamente porque el cuerpo puede sufrir un síncope debido a la impresión. Antes de lanzarse desde zonas de rocas o lugares altos, conviene asegurarse de la profundidad del agua en ese lugar, de cara a evitar lesiones medulares irreversibles. Por otra parte, después de comer se recomienda esperar al menos una hora para hacer la digestión y volver a bañarse, especialmente si el agua de la playa está muy fría.
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