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Precauciones para no sufrir hongos ni papilomas

A menudo son los grandes olvidados, sin embargo la inspección y la higiene diaria de los pies debe extremarse en el verano ya que, al moverse por espacios colectivos como piscinas o campings, son más propensos a padecer hongos y papilomas.

Los pies son la base sobre la que se sustenta la estructura ósea del cuerpo humano. Con los meses estivales llegan las temperaturas altas. Se tiende a cubrirse con prendas cómodas, los pies con sandalias y tanto la playa como las piscinas suelen el punto de encuentro habitual de muchas personas. 

Esta combinación de calor con lugares muy concurridos y en ocasiones largas caminatas pueden desembocar en algunos problemas para los pies como las ampollas, los eczemas, los papilomas, micosis e infecciones, ya que están más descubiertos y expuestos a contagio que en otras épocas del año.

Las infecciones por hongos causadas en el ser humano se dividen en tres grupos, en función de la parte del cuerpo donde aparezcan y su grado de afectación. Entre las más frecuentes están las que se originan por el uso de calzado deportivo y lo mismo ocurre con ambientes húmedos como piscinas, duchas o saunas. En estos lugares es imprescindible el uso de calzado porque el mecanismo de contagio se produce cuando una persona que padece este problema camina descalza y va dejando en el suelo pequeñas esporas de hongos que cualquier otra puede pisar y contagiarse de esa forma. 

Importancia de la higiene
Los hongos suelen aparecer en la zona interdigital, esto es, el espacio entre los dedos, por lo que se hace especial incidencia en la importancia de la higiene y de un correcto secado para evitar la proliferación. 

Para prevenir el contagio por hongos, especialmente en lugares públicos conviene utilizar chanclas o calcetines de látex. Si se practica el senderismo es recomendable utilizar calzado especial de montaña, con calcetines de fibras naturales que eviten el sudor. En cuanto al calzado cotidiano, éste debe ser cómodo y flexible para evitar rozaduras. 

Diariamente se debe mantener una correcta higiene, hidratar profundamente los pies para evitar grietas y heridas y masajearlos. En este sentido, caminar por la playa resulta muy beneficioso para fortalecer la musculatura del pie, especialmente en algunas patologías, y además produce un efecto “peeling” que ayuda a limar asperezas. Por el contrario, no conviene abusar de los baños muy calientes y prolongados porque reblandecen la piel y facilitan la penetración de los hongos. 

Los papilomas son otro de los problemas podológicos que aumentan en verano. La piel tiene varias capas y es en la dermis, la más profunda, donde nacen las células que componen la piel y donde también suelen originarse los papilomas. En principio pueden afectar a cualquier área del pie, pero lo habitual es encontrarlos en zonas de presión o de roce, como la planta y, sobre todo, en el talón. Los papilomas pueden aparecer en ocasiones recubiertos de callosidad, lo que le hace difícil diagnosticarlos a simple vista, ya que pueden confundirse con un callo. Resultan dolorosos cuando la verruga se encuentra en zonas de apoyo o presión del pie y duelen más si se pellizcan que si se presionan. 

Diversos tratamientos
A medida que transcurren los meses aumentan de tamaño y crean una especie de colonia de papilomas que infecta las zonas cercanas. A simple vista se muestra como una callosidad de tamaño variable, rodeado de un anillo más blanquecino que el resto de la lesión. 

Al igual que sucede con los hongos, para prevenir el contagio de papilomas se debe evitar caminar descalzo por duchas colectivas o piscinas, especialmente si se tienen heridas o rozaduras en los pies, evitar los calcetines de fibra sintética así como el calzado que impida la correcta transpiración y que favorezca que los pies estén húmedos, conviene cambiarse de calcetines todos los días y si se suda mucho incluso dos veces al día y, por supuesto, acudir al podólogo si se aprecian callosidades o durezas, para que las diferencie de posible papilomas.

Para combatirlos, los papilomas se tratan con sustancias ácidas que producen una quemadura en la piel y así van eliminando esta lesión. El problema es que suelen ser tratamientos bastante prolongados. En los últimos años se ha impuesto el uso de la crioterapia para reducir los papilomas. Consiste en aplicar frío sobre la lesión para provocar su congelación y la consiguiente destrucción de las células infectadas. En podología se usa con frecuencia el nitrógeno líquido (-196º C). Se aplica directamente sobre el papiloma mediante un algodón sumergido en el líquido. Tiene una efectividad mayor que otros tratamientos.

24 de julio de 2007


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