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Enfermedades de la piel: así se previenen
Mujer hidratándose después de la ducha

La piel es mucho más que el reflejo del paso de los años: nos aísla del exterior y de agentes que podrían dañar otros órganos del cuerpo. No obstante, a pesar de cumplir una importante función protectora.

También es susceptible de enfermar y sufrir dolencias que, en más de una ocasión, se pueden prevenir. La finalidad de cuidar la piel no es sólo mostrar un aspecto agradable y joven. Existen múltiples problemas que pueden afectar a su buen estado y apariencia, comprometiendo nuestra calidad de vida.

Un problema común: el acné
Uno de los trastornos más habituales es el acné. Está vinculado a cambios hormonales y es común en la adolescencia, aunque también puede aparecer en otras etapas de la vida. Su aparición se debe a la excesiva secreción de grasa por parte de las glándulas sebáceas, lo que origina la formación de tapones en los folículos pilosos y la consiguiente aparición de comedones granos y espinillas.

Aunque existen diversos niveles de gravedad del acné, la infección de los granos es el enemigo más importante a batir. La primera vía para paliarlo es una higiene escrupulosa, frecuente pero no excesiva, y el uso de productos específicos para combatirlo.

Mantener el pelo apartado de la cara para que la piel no se ensucie y evitar tocarse los granos contribuirá a la mejora del problema. El sol generalmente es beneficioso para el acné, aunque en ocasiones se puede producir un efecto rebote. La alimentación puede agravar la afección, por lo que es recomendable seguir una dieta equilibrada y variada, sin necesidad de excluir alimentos de forma radical.

Urticarias, alergias y eczemas
Otro trastorno habitual son las urticarias. Rojez, picor y abultamientos en la piel son los síntomas característicos de esta afección. Sus causas están frecuentemente relacionadas con factores externos, como el frío o el calor. También pueden surgir como una reacción a la ingestión de determinados alimentos o medicamentos e incluso ser un síntoma de problemas psicológicos. Afectan con más frecuencia a mujeres jóvenes y, aunque se desencadenan con mucha rapidez, suelen remitir en pocas horas. Para su prevención la medida más eficaz es evitar el factor desencadenante si se conoce. En algunos casos está recomendado el uso de antihistamínicos.

Por su parte los eczemas están relacionados con las alergias. El estrés actúa igualmente como factor en la aparición del trastorno, que se caracteriza por picor y descamación.

Dolencias más graves
También el estrés incide a la hora de sufrir algunos tipos de psoriasis. Esta enfermedad, que afecta a 8 de cada 1.000 personas, se produce por una renovación demasiado rápida de la piel, que no permite que las células muertas se desprendan poco a poco y que se traduce en la descamación típica de la enfermedad. Además del estrés, la luz, el frío, algunas infecciones y el consumo exagerado de alcohol pueden agravarla. Hacer deporte, conocer técnicas de relajación, tomar baños de avena y exponerse al sol moderadamente, aparte de la medicación, contribuyen a paliarla.

La dieta es un elemento fundamental para proteger la piel de dolencias. La alimentación debe ser rica en vitamina C, presente en frutas y verduras; vitamina E, que se halla en semillas, aceites vegetales y frutos secos; y provitamina A o betacarotenos, abundantes en frutas de color amarillo y anaranjado.

El uso de algunas plantas medicinales, capaces de proporcionar un alivio de muchos problemas, también contribuye al mantenimiento de una piel sana. Así por ejemplo el aloe es una especie con efectos cicatrizantes que va muy bien frente a las quemaduras, cualidad que comparte con la caléndula. Por su parte, el hipérico, el tilo y el llantén tienen propiedades antiinflamatorias.

Si se posee una piel sensible, propensa a la sequedad y a las alergias, es mejor no abusar de los alimentos industrializados, evitar el sudor excesivo, utilizar siempre jabones neutros
y emplear ropa de tejidos transpirables.
 

14 de abril de 2004


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