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¿Se puede prevenir la gripe?

Se trata de una enfermedad típica de los meses fríos, fácilmente contagiosa. Pero determinados alimentos, junto a la efectividad de las vacunas, pueden ayudar a prevenirla.

La gripe es una enfermedad infecciosa causada por un virus. Se propaga de una persona a otra al toser y estornudar pero también es posible que alguien se infecte al tocar algo que contiene el virus y luego llevarse la mano a la boca o la nariz. Los adultos pueden infectar a otras personas desde un día antes de que se presenten los síntomas hasta 7 días después de contraer la enfermedad. Es decir, se puede transmitir la gripe antes de enterarse que uno mismo está enfermo. 

El sistema respiratorio se altera, la tos suele ser intensa, acompañada de dolores de garganta y de cabeza, aparecen la fiebre y los dolores musculares y el organismo queda rendido y sin fuerzas. Se propaga rápidamente y aunque las personas que se encuentran en buen estado físico no suelen tener problemas para recuperarse, aquellas de edad avanzada o los niños pueden estar sujetos a mayores complicaciones si contraen esta patología. 

En su tratamiento los antibióticos no resultan eficaces y tan sólo queda la resignación de esperar a que transcurran los días y el cuerpo mejore. Sin embargo, se pueden tomar medicamentos que alivien los síntomas de la gripe, como antipiréticos para bajar la fiebre, anticongestivos nasales o analgésicos, pero siempre después de consultar al médico, para no confundir esta enfermedad con otras propias de esta época como una bronquitis. 

Grupos de riesgo
Al tratarse de una enfermedad vírica que se cura sola, las medidas preventivas son fundamentales para hacer frente a este proceso patológico. Por esta razón, desde el ámbito médico todos los años se recuerda la importancia de vacunarse, como la mejor manera de prevenir esta enfermedad. 

Una vez que la OMS dispone de la información precisa acerca de la prevalencia de aislamientos de cepas concretas que circulan por todo el mundo, se establece la composición exacta de las vacunas que se utilizan cada año. Los meses de octubre o noviembre son el momento idóneo para vacunarse, aunque también puede ser en diciembre o más tarde ya que la temporada de gripe suele extenderse hasta finales de mayo. La vacunación se dirige principalmente a las personas mayores de 65 años, los enfermos crónicos, personal sanitario de residencias, hospitales y centros de salud y cuidadores que les atienden. 

Unas dos semanas después de la aplicación de la vacuna, el organismo comienza a producir anticuerpos que lo protegen contra la infección por el virus de la gripe. La vacunación reduce el riesgo de ingreso hospitalario asociado a la gripe en un 50-60% y el riesgo de muerte asociada en el 80% en los mayores de 65 años, si bien la respuesta inmune y la efectividad de la vacuna dependen de la edad y del estado inmunitario de la persona que la ha recibido.

Por otra parte, existen algunos medicamentos antivirales (como el oseltamivir) aprobados y disponibles en las farmacias. Requieren receta y también se debe consultar al médico antes de usarlos para prevenir la gripe. 

La alimentación, fundamental
La alimentación juega un papel básico a la hora de estimular el sistema inmunológico, el encargado de proteger frente a las infecciones. Uno de los nutrientes esenciales para este mecanismo es la vitamina C, presente en las naranjas, mandarinas, fresas, kiwis,  pomelos, así como en verduras como los pimientos o las coles. 

Es importante ingerir alimentos con propiedades antioxidantes que fortalecen el organismo, como los ricos en vitamina A. Son productos tanto de origen animal (la mantequilla o el hígado) como vegetal, en concreto aquellos que contienen caroteno y betacaroteno (zanahorias, espárragos, calabaza, acelgas, tomates o manzanas). Se debe ingerir una alimentación rica en proteínas, como las que se encuentran en las legumbres, los frutos secos o los cereales integrales. La leche caliente aporta calcio, hierro y proteínas. En esta misma línea, los lácteos fermentados, como es el caso de los yogures, poseen bacterias ácido-lácticas que actúan sobre la flora intestinal y mejoran el equilibrio de la misma.

Otros alimentos con propiedades inmunoestimulantes son el ajo y la cebolla, porque incluyen alicina, con propiedades antivirales y bactericidas. Alimentos como el pescado, los cereales o las legumbres contienen selenio, un oligoelemento que sólo existe en pequeñas cantidades en la alimentación cotidiana pero cuya deficiencia aumenta el riesgo de contraer infecciones. Otro tanto sucede con el zinc, presente en los mariscos, las legumbres, el huevo, el hígado, el queso curado y los frutos secos.  

Todas estas medidas no garantizan la inmunidad frente a un contagio de gripe, pero sí ayudarán a que el organismo esté más preparado, responda mejor y, consiguientemente, las consecuencias sean menores. 

 

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