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Bibliotecas digitales, una nueva revolución mediática
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La fiebre por la digitalización de libros y la creación de bibliotecas digitales hace pensar en una nueva revolución mediática. No en vano, a golpe de ratón es posible sumergirse en las más prestigiosas bibliotecas del mundo y tener al alcance de la mano grandes obras de la literatura universal, aunque se pierda el placer de pasar la página con los dedos.


Para crear una biblioteca virtual primero es necesario digitalizar los libros, un proceso arduo que requiere de mucha paciencia y dedicación. Hay que tener en cuenta que no todos los libros se pueden introducir en un escáner. Así, en el caso de los llamados incunables se requiere un proceso especial de digitalización debido a su antigüedad.
 
Una vez digitalizado, hay que tener en cuenta los servicios adicionales a desarrollar en torno al libro, tales como si se ofrecerá la opción de imprimirlo, si el acceso al mismo va ser restringido, si va a incluir búsquedas o si sólo va poderse visualizar.
 
Pasar por caja
Los libros electrónicos o e-Books pueden descargarse de la Red y transportarse a cualquier lugar para leerlos. Pero, generalmente, para bajarse un libro de Internet hay que pasar primero por caja, al igual que pasa con sus homólogos tradicionales. Los libros virtuales no suelen ser gratis y, además, incluyen características especiales que impiden que un volumen pueda ser enviado a través de e-mail o que sea trasladado a papel.
 
No obstante, si se quiere acceder a e-Books sin coste alguno se puede recurrir al buscador Google, que a través de su servicio Google Print permite ya acceder a títulos clásicos en virtud de un acuerdo firmado con algunas universidades de EE.UU. y el Reino Unido.
 
Además, en España, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, con motivo del IV Centenario de El Quijote, brinda distintas ediciones facsímiles de versiones a otras lenguas de la obra del caballero de la triste figura, así como enlaces a algunas traducciones electrónicas. Asimismo, la Universidad de Castilla-La Mancha ofrece la denominada Edición Variorum Electrónica, que incluye la reproducción textual y facsímil de 32 ediciones de la novela, entre ellas diez ejemplares originales de 1605.
 
En el bolsillo
Un e-Book cabe perfectamente en el bolsillo y se puede llevar a cualquier parte. Puede leerse en un ordenador portátil o de escritorio, en aparatos de mano como Palm Pilot o Pocket PC -utilizando programas como Microsoft Reader y Adobe Reader, que además ofrecen un sistema especial de protección de derechos de autor -, en Tablet PC o en los propios dispositivos e-Book, que pretenden parecerse a los tradicionales libros de papel.
 
Precisamente, programas como los mencionados Microsoft Reader y Adobe Reader tratan de preservar algo de la experiencia física que supone leer un libro tradicional. Así, permiten ajustar el tamaño de la tipografía, subrayar frases, hacer anotaciones al margen o recordar la última página leída.
 
Un dispositivo Palm Pilot puede llegar a almacenar hasta 85 obras, por lo que puede resultar ideal para los estudiantes que deben cargar con montones de libros, así como para la gente de negocios que viaja de un lugar a otro con sus documentos encima.
 
Pros y contras
Como todo en la vida, los e-Books tienen sus ventajas e inconvenientes. En el lado positivo está el hecho de que ahorran papel, son más baratos, ya que omiten los costes de composición, encuadernación y transporte; el autor puede recibir más dinero porque se elimina un gran número de intermediarios, y ocupan muy poco espacio (3.000 páginas sólo precisan 250 Kb).
 
Pero, en el lado oscuro, el usuario puede encontrarse con la imposibilidad de leer un relato digital si no cuenta con la aplicación adecuada para ello, y todavía existen pocos títulos en el mundo, y en castellano muchos menos.
 
Además, la apuesta por los libros digitales se enfrenta al problema de los derechos de autor. Aunque es un tema que ya ha sido considerado por los diseñadores de los programas reader y la tecnología Digital Rights Management, algunos autores y compañías editoras mantienen sus reservas en lo que se refiere a la preservación de los derechos de propiedad intelectual.

 


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