Las cocinas y los cuartos de baño son las dos áreas de la vivienda donde se acumulan mayores niveles de vaho y humo. Ambas estancias han de incorporar sistemas de extracción eficaces para renovar el aire interior.
El Código Técnico de la Edificación, que entró en vigor hace casi un año (30 de marzo de 2007), establece la normativa en cuanto a la calidad del aire interior, una reglamentación que deben cumplir todas las construcciones con licencia posterior a la aprobación del CTE en el Boletín Oficial del Estado (17/03/2006). Según este documento, las cocinas y los cuartos de baño, han de contar aberturas de ventilación que deben ir conectadas a los tubos de extracción y deben colocarse a más de diez centímetros de cualquier esquina vertical y a menos de 10 centímetros del techo. Con el cumplimiento de estas medidas, se impide la colocación de extractores, ventiladores o rejillas de forma ineficaz, y se optimiza su funcionamiento, de manera que expulsen el aire contaminado racionalmente.
Los extractores para cocinas y aseos son distintos. Los segundos necesitan generalmente menor potencia que los primeros, pues se requiere una acción menos enérgica para reducir la humedad de un baño que para eliminar los humos y los olores generados por el calentamiento de aceites y grasas y por la cocción de otros productos alimentarios. Sin embargo, resultan fundamentales para disminuir los efectos ocasionados por la condensación del vapor del agua sobre las paredes y el techo, que se traducen a veces en la aparición de humedades y hongos.
Instalación
Los extractores de baño se instalan en la pared o en el techo y funcionan a través del suministro eléctrico, por lo que algunos modelos van conectados al propio interruptor de la luz, de forma que cuando ésta se enciende se activa el aparato al mismo tiempo. Incorporan una rejilla frontal que debe estar siempre limpia de polvo y suciedad para no obstaculizar la salida de aire. Se desaconseja su colocación encima de los radiadores pues se pierde calor por la abertura, y está prohibido por ley situarlos encima de la bañera o del plato de ducha, a no ser que la distancia entre ambos puntos supere los 2,25 centímetros.
Uno de los primeros datos que se tiene en cuenta antes de instalar un extractor es el volumen de aire de la estancia. En los baños, esta cifra se calcula multiplicando la longitud, la altura y la anchura de la habitación y con esta información, el profesional le aconsejará sobre el tipo de aparato que le conviene en cuanto a caudal. El caudal de aire ofrecido por el aparato deberá ser entre siete y diez veces por hora el total de la habitación.
La mejor elección
El rango de los diferentes volúmenes de caudal de los extractores y ventiladores para baños es muy amplio, por lo que no tendrá problema en encontrar uno que se ajuste a las necesidades de su aseo o que las supere con creces, logrando una renovación ambiental del mismo en tiempo récord. Sin embargo, existen otras cuestiones importantes que debe valorar antes de optar por uno u otro aparato. Los ruidos y las vibraciones son dos conceptos frecuentemente ligados a los sistemas de ventilación. Ambos son molestos y están interrelacionados, pues es el movimiento del motor en funcionamiento el que produce el ruido y las vibraciones en los techos y las paredes. La diferencia entre un extractor muy ruidoso y con un elevado nivel de vibraciones y otro silencioso sin apenas vibraciones está precisamente en el motor. Sólo aquellos dispositivos fabricados con materiales capaces de absorber las vibraciones y con revestimientos aislantes acústicos de calidad, podrán adjudicarse la característica de silenciosos. El precio suele ser determinante en estas cuestiones, y lo más habitual es que los que incorporen ambos valores también los cobren. Sin embargo merece la pena apostar por extractores que apenas emitan ruidos y vibraciones.
Otras características a tener en cuenta son los temporizadores o sensores, dispositivos con los que el extractor se activa de forma automática cuando se apaga la luz del baño, transcurrido un tiempo concreto, o cuando se detecta la humedad. Indudablemente, todos estos elementos contribuyen a incrementar el confort ambiental de la estancia.
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