Cuando se compra una vivienda usada, lo más frecuente es tener que invertir dinero y tiempo en una reforma. Antes de iniciarla, es conveniente dar los pasos correctos para evitar algunos errores muy comunes.
Hay que distinguir entre dos tipos de inmuebles de segunda mano: los que presentan aspectos susceptibles de cambio, mejora y renovación, pero permiten al consumidor entrar a vivir; y los que necesitan una remodelación en profundidad. En cuanto a los primeros, se supone que las condiciones básicas de habitabilidad son aceptables (cableado de iluminación adaptado a las exigencias actuales, tuberías en perfecto estado, techos sin humedades, sistema de calefacción, y cocina y baño dotados de los suficientes elementos -zona de cocción, frigorífico, sanitarios- para empezar a funcionar). En este caso, lo más aconsejable es entrar en el hogar y valorar con el tiempo las limitaciones y posibles soluciones de la casa. Se conseguirán más aciertos de esta manera, ya que el usuario conocerá las características de la vivienda, sabrá cuáles son sus fallos y sus aspectos positivos y podrá aplicar las medidas oportunas sin riesgo a equivocarse. Por ejemplo, podrá adjudicar las distintas funcionalidades a las habitaciones, en virtud de su orientación, de sus horas de luz, de sus condiciones térmicas (calor y frío), y de los ruidos procedentes de las viviendas contigua y superior.
Con la experiencia propia, valorará la necesidad de incorporar revestimientos aislantes, en el caso de que el muro de separación entre vecinos sea insuficiente, conocerá el funcionamiento del sistema de calefacción y de aire acondicionado (si lo hubiere), habrá comprobado el caudal de agua de la ducha, el estado de las griferías, la calidad de los pavimentos, la distribución del espacio en la cocina, el comportamiento de ventanas y puertas, y las posibilidades del nuevo hogar en lo que respecta a elementos de almacenaje (armarios, vestidores…). Con esta información, las remodelaciones posteriores se enfocarán de forma más inteligente, y el consumidor podrá afrontarlas con mayor garantía de acierto que si se lanza a los cambios de manera impulsiva.
Reforma en profundidad
Si la vivienda de segunda mano se encuentra en mal estado, la persona no deberá firmar el contrato con el vendedor sin haber comprobado los siguientes aspectos: condiciones de la instalación eléctrica, sistema de calefacción, estado de los techos, paredes y pavimentos, de las tuberías y de las propuestas de cerramiento. Si todas estas parcelas necesitan obras, lo más justo será que el vendedor reduzca el precio solicitado por el inmueble, pues el coste mínimo de estas actuaciones no bajará de los 10.000 euros. Si el piso está en la planta superior, es imprescindible comprobar cuál es el estado del tejado del inmueble; muchas construcciones antiguas presentan graves deficiencias a las que sólo se les han aplicado “parches”. Este arreglo es complicado, pues implica la intervención de la Comunidad de Vecinos, lo que puede retrasar su resolución, y además es caro. Sin embargo, quien primero sufrirá las consecuencias de un tejado en malas condiciones, será el inquilino de la planta superior. El comprador de la vivienda debe estar informado con todo rigor sobre este aspecto y será él quien valore si le merece la pena seguir adelante.
Una vez firmado el contrato de compraventa, la paciencia y la organización son las dos premisas imprescindibles para que la situación no degenere en el caos y el desgaste personal. Si el nivel económico del usuario le permite la contratación de un gestor de obras, puede ser una buena alternativa para tener un único interlocutor con el que despachar regularmente. En caso contrario, habrá que ir paso a paso, siguiendo el orden correcto de las diferentes actuaciones, según la prioridad de las mismas: Distribución del hogar (ampliación o reducción de habitaciones, levantamiento o derribo de tabiques y realización de armarios empotrados); rehabilitación de la instalación eléctrica (si es antigua) a cargo de un instalador autorizado por la Dirección General de Industria y Energía, incorporando el mayor número de puntos de luz, enchufes, conexiones (Internet, televisión, teléfono…); instalación de sistema de calefacción y aire acondicionado; revisión tuberías y posibles reformas de cuarto de baño y cocina; Pavimentos; ventanas y puertas; acabados de pared (pintura, papeles pintados…).
Antes de iniciar las obras, conviene solicitar, al menos, dos presupuestos por actividad para comparar los costes, y consultar con amigos y familiares por si conocen buenos profesionales cuyo trabajo pueden avalar. Una vez resueltas las actuaciones prioritarias, se puede empezar a pensar en la decoración del nuevo hogar.
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