El aumento del consumo de energía en el ámbito doméstico es un hecho. Sin embargo, es posible replantearse algunos cambios de actitud, y la cocina es uno de los entornos donde se puede reducir este gasto.
Ahorrar energía es el camino más eficaz para reducir las emisiones contaminantes de dióxido de carbono a la atmósfera. En ocasiones, se consume más de lo que realmente se necesita y uno de los sectores donde se gasta buena parte del total de la energía del domicilio es la cocina, ya que en ella se concentran diferentes electrodomésticos.
Sin embargo, para cocinar de manera eficiente tan sólo es necesario seguir unos sencillos pasos. Para empezar, es necesario realizar un mantenimiento preventivo, limpiando con frecuencia los hornos y los fogones para evitar que la acumulación de grasas impida la correcta transmisión del calor.
Adecuar el tamaño
Es preferible que utilices sartenes y ollas cuyo tamaño se adecúe al de los fogones y que tengan una base plana. De esta forma el área de contacto con el fuego aumenta y el calor se aprovecha de manera más eficiente. Si no es así, el consumo de energía puede llegar a dispararse hasta un 50% más. Cuando pongas las cazuelas al fuego conviene que utilices sólo el agua necesaria para cocer los alimentos y que las tapes. Así el calor se conservará mejor y la comida se preparará con más rapidez. La olla a presión es otra sencilla forma de ahorrar energía.
Por otra parte, una vez que los ingredientes hayan comenzado a hervir, es recomendable que disminuyas la potencia del fuego y así dejar que terminen de hacerse. Estas dos sencillas prácticas de tapar y ajustar el fuego pueden suponer un ahorro energético de hasta un 20%.
Si vas a utilizar el horno, ten en cuenta que no siempre es imprescindible precalentarlo, salvo que vayas a preparar una receta que así lo indique expresamente. De cualquier forma, no lo dejes encendido en precalentamiento más de lo necesario. Conviene que utilices recipientes de vidrio porque retienen el calor más fácilmente y, por tanto, se hornea más rápido.
Una vez que hayas introducido la comida en su interior, ponlo a la temperatura exacta. No olvides que este aparato no se calienta más rápido porque lo pongas a una temperatura más elevada. Cuando esté a punto de terminar el tiempo, unos minutos antes puedes apagar el horno porque la temperatura se mantendrá constante durante un tiempo y así el calor acumulado terminará de hornear los guisos.
Una costumbre muy extendida es abrir la tapa para comprobar cómo se está haciendo la receta. Cada vez que realizas este gesto la temperatura baja unos 25º y se produce un gasto extra de energía para que el electrodoméstico llegue de nuevo a la temperatura que tenía. No conviene abrir el horno si no es necesario y también es importante que revises que la puerta cierra perfectamente. Así evitarás pérdidas de calor.
Si lo que quieres es calentar alimentos o pequeñas cantidades de líquido, es mejor que utilices el microondas porque calienta más rápido y ahorrarás tiempo al preparar tus alimentos.
Descongelar de víspera
Otro punto importante es que descongeles previamente los productos que tengas previsto cocinar, dejándolos en un recipiente limpio dentro del frigorífico durante varias horas, para que recupere su aspecto original. De esta forma evitarás un gasto extra de energía para conseguir este paso y además ayudarás a la refrigeración de la propia nevera. Asimismo, no conviene que dejes la puerta abierta, sino pensar previamente qué se necesita.
El frigorífico debe mantenerse libre de escarcha. Así evitarás que se acumule el hielo y se genere un gasto inútil de energía, porque la capa de hielo actúa como aislante y hace que el frigorífico tenga que funcionar demasiado.
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Nota informativa: Tradución do orixinal en castelán. No caso de calquera discrepancia, prevalecerá a versión en castelán.