El clima en la Tierra ha estado transformándose constantemente a lo largo de toda su historia (glaciaciones, épocas mucho más cálidas que la actual, etc.), pero, hoy en día, por cambio climático entendemos una alteración atribuida directa o indirectamente a la actividad humana, que se suma a la variabilidad climática que se da de manera natural.
La Tierra recibe radiación procedente del Sol, parte de la cual es reflejada de nuevo hacia el espacio por la atmósfera y la superficie terrestre, mientras que el resto (aproximadamente un 50%) es absorbido por el planeta. Para mantener el equilibrio energético, la Tierra a su vez debe liberar a largo plazo una cantidad de energía igual a la que recibe. Parte de esta radiación es absorbida por determinados gases presentes en la atmósfera conocidos como gases de efecto invernadero mientras que el resto escapa al espacio exterior. Este fenómeno es conocido como "efecto invernadero", un proceso natural e imprescindible para la existencia de vida en nuestro planeta, ya que, sin él, la temperatura media sería de -18º C en lugar de los +15º C actuales.
El problema aparece cuando, a partir de la Revolución Industrial y debido a la actividad humana, las emisiones de estos gases se intensifican, aumentando la capacidad de la atmósfera de absorber la radiación emitida por la superficie terrestre. Este hecho provoca que la energía tarde más tiempo en ser devuelta al exterior con lo que se mantiene durante periodos más largos cerca de la superficie, produciéndose un aumento de la temperatura en el planeta.
En la actualidad, existe un fuerte consenso científico sobre la alteración del clima global provocado por el aumento de las concentraciones de gases invernadero en la atmósfera y, aunque existe un acuerdo general sobre esto, subsiste una gran incertidumbre con respecto a las magnitudes de estos cambios a escalas regionales.
Algunos de los gases de efecto invernadero están presentes en la atmósfera de manera natural, aunque en concentraciones muy bajas, como son el vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), mientras que otros son gases artificiales creados por el hombre: hidrofluorocarbonos (HFCs), polifluorocarbonos (PFCs) y hexafluoruro de azufre (SF6). El CO2 es el más importante de estos gases, porque, aunque no es el que mayor potencial de calentamiento presenta, sí es el que se emite en mayores cantidades.
Estas emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero provienen principalmente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural), de las actividades agrícolas-ganaderas, del tratamiento de residuos (fermentación en vertederos) y de ciertos procesos industriales. Además, se ven potenciadas por el hecho de la deforestación y los cambios en los usos del suelo que se dan en la actualidad y que implican la desaparición de las principales fuentes de absorción naturales.
Las consecuencias del cambio climático son difíciles de predecir con exactitud, dada la gran complejidad del sistema climático, pero podríamos hablar de:
Última actualización: 14 may 2008